Lo de teñirse el pelo es una lata. Por pura y dura presunción sigo esclavizada a la peluquería. Imaginaros: raya de nueve semanas y media. Como el título de la película. Mi aspecto… ¡patético! Por más que quería disimular la raya era imposible… que si flequillo, que si hacia atrás, que con diadema… En fin estaba imposible, así que decidí ir del trabajo a la pelu. Dicho y hecho.
Cerca de la pelu vive una compañera que además es amiga. Nos fuimos juntas. Aunque conocemos nuestras vidas de pé a pá (estamos juntas más tiempo que con nuestras familias), empezamos a caminar con paso rápido y sin para de hablar. A unos 500 metros del trabajo vimos a unos chicos que venían de frente, uno en silla de ruedas, el otro lo arrastraba. Los miramos. Sin querer mirarlos algo se encoge en el corazón al ver gente joven en esas circunstancias. Al pasar por mi lado el chico que iba sentado en la silla de ruedas, en voz alta, me miró y me dijo:"¡Señora, hay que comer más!". Me quedé muerta. Mi amiga y yo nos miramos y nos echamos a reír.
Nunca me habían dicho nada semejante Es cierto que soy una mujer delgada, pero no hasta ese extremo. Os aseguro que me he preguntado en varias ocasiones lo que pasaría por la cabeza de ese chico para dirigirse a mí con semejante frase. ¿Sería un anoréxico y por eso iba en silla de ruedas? No sé, ni idea. Lo gracioso de todo es que ahora como más, jeje.
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