Declarando desde ya que "Malvasía" es una persona madurita, voy a hablar hoy en pasado y a contar batallitas de antaño que se refieren a las vivencias que el que suscribe y familia tuvieron hace algunos años aunque, desde luego, referidas al mundo de la gastronomía y de la enología que constituyen el ámbito que tengo acotado en este blog.
Me estoy refiriendo a aquella comidas pantagruélicas que, domingo a domingo sin excepción, se daban en casa de mis padres, ubicada en el medio rural, en una casona antigua de más de 1.200 m2 y en donde nos refugiábamos sus cinco hijos junto con sus parejas y con las proles de cada cual, que iban aumentando año a año. Ni qué decir tiene que el momento más importante de aquellas reuniones familiares giraba en torno a una buena comida y una mejor bebida. De la primera se encargaba mi madre; de los segundos, era mi padre quien mantenía la bodega en perfecto estado cualitativo y cuantitativo.
Puedo asegurar que el maridaje entre alimentos y bebidas fue siempre perfecto y la animada conversación y las disensiones sin coto se abordaban, en la sobremesa, acompañadas de un buen cigarro habano, una generosa copa de coñac (que mi madre calentaba con sus propias manos) o un vintage de Oporto que eran los acompañantes obligados con el postre y el dulce.
¡¡¡¡Que magníficos recuerdos!!!!
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