16 de abril de 2011

Maridajes caseros II

Como continuación a las vivencias que describí en el artículo anterior contaré ahora que, en la actualidad, el que suscribe mantiene la costumbre del maridaje casero y continúa aquella tradición de las comidas dominicales. Se mantiene su supervivencia y resultan tan perfectas y maravillosas como entonces.

Por supuesto que el número de comensales ha menguado y que aquella grandiosa y vieja casona se ha visto sustituida por otra espaciosa vivienda, no menos sensacional, que se ubica en el centro de nuestra ciudad. Y ello se debe a la generosidad de mi hermana pequeña y a su perfecto "saber hacer".

En lo que ahora interesa, os cuento que no se han alterado en absoluto los maridajes entre las viandas y los vinos y, por tanto, la tradición se mantiene estando garantizado un buen aperitivo compuesto de magníficos quesos, sobrasada mallorquina de porc negre, así como distintos tipos de pan para untar o acompañar (esta parte la controla y abastece mi querida hermana mayor, con una constancia y generosidad dignas del mayor elogio).

Terminado ya el aperitivo, ya medio llenado el estómago, se sirve normalmente un exquisito arroz (paella, a banda, a la milanesa, etc) divinamente cocinado por la dueña de la casa. Mi pequeña aportación consiste en controlar que no falten los vinos tintos o blancos (preferentemente riojas o riberas, entre los tintos, y verdejos blancos) que tanto durante el aperitivo como durante la comida, nos trasegamos en perfecta armonía.

Deciros, para terminar, que contamos con la inestimable colaboración de mi sobrino Carlos quien, para mantener viva la sobremesa, se ocupa y preocupa de que no falte nunca un buen ron para ayudar a la perfecta digestión de la comida.



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