Aquella película obligaba a la protagonista a tomar el bus, un ferry y el metro, para finalmente llegar a su puesto de trabajo, que por suerte, acabará por ser con despacho propio y vistas al down town. Esta situación obliga a Tess McGil a cambiar sus tacones o botines por zapatillas de deporte cada día. Recuerdo al ver esta película con apenas 6 años, cómo a mi madre le entraba la risa con la escena, en la que ella, con su perfecto traje de chaqueta-falda, metía sin ningún pudor unas Nike blancas de basket.
Ahora mismo caminar por el barrio de Salamanca y ver esta misma escena con unas Adidas me hace sonreír. Me cuesta trabajo no ver la similitud entre las hombreras, el dorado, los bolsos y las zapatillas.
Hay pocas Katherine Parker (Sigourney Waver) y no creo que sea por que sus estilismos fueran más atrevidos (véase que no es nada comparado con Lady Gaga) Sino porque si que son más caros. Ellos sin embargo, lejos de parecerse a el Harrison Ford de 1988, creo que han mejorado. Los trajes de chaqueta se han ceñido, hemos abierto los ojos hacía algo más que el traje de corte Italiano, aunque sigue siendo el más usado aquí en Europa y aunque siga gustando tanto el estilo “náutico” estamos avanzando.
De hecho esto es tan, tan tendencia, que si buscamos en Google críticas sobre la película, algunas de 2009 y 2010, hablan sobre su estilismo como “Un estilismo tan famoso y ridículamente espectacular que lucen ellas más que ellos en el film” le diría a quién escribió el comentario que se paseé por la planta de mujer de ZARA, ya verá como le parece estar en el Corte Inglés de electrodomésticos en el año 1991.
Moraleja: Compra ropa buena y guárdala, volverás a usarla.
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