HOY (día en el que escribo estas líneas) es el Día de la Madre. No me emocionan estas celebraciones. Me parecen ficticias y no sentidas. Al menos eso es lo que siento y pienso. Nunca les he concedido importancia. No creo en un día para la madre, otro para el padre, otro para el amor…
Sin embargo, hoy he recordado a mi Madre. Está claro que todos debemos mucho, por no decir muchísimo a nuestras madres. Si además de querernos a nosotros mismos, somos capaces de querer a alguien, ese alguien son los hijos. El amor a los hijos es, sin lugar a duda, el amor más incondicional que el ser humano puede experimentar. Se les quiere por encima de todo.
Son muchos los consejos, comentarios o frases de nuestras madres que llevamos grabados en nuestra memoria y que a lo largo de nuestra vida hemos recordado y nos han ayudado a madurar y a veces a sobrevivir.
En general, desde pequeños, el sentido de la propiedad lo tenemos muy desarrollado. Fijémonos en cualquier niño: les cuesta mucho dejar o compartir sus juguetes y además, siempre quieren los juguetes de los otros niños, sin dejar los suyos. Los adultos intentamos enseñarles que sean generosos, que compartan, que dejen sus cosas… larga y difícil tarea.
Recuerdo desde bien pequeña oír a mi madre hablar del usufructo; insistía mucho en ello. Si soy sincera, he de confesar que le prestaba poca atención… No la entendía bien. Pero a lo largo de mi vida lo he recordado y me ha ayudado mucho. El usufructo es el derecho a disfrutar de una cosa. Y eso es precisamente lo que hay que hacer: disfrutar de las cosas y dejar que los demás las disfruten también. Poco importa si somos o no dueños o propietarios de las mismas.
Sin embargo, hoy he recordado a mi Madre. Está claro que todos debemos mucho, por no decir muchísimo a nuestras madres. Si además de querernos a nosotros mismos, somos capaces de querer a alguien, ese alguien son los hijos. El amor a los hijos es, sin lugar a duda, el amor más incondicional que el ser humano puede experimentar. Se les quiere por encima de todo.
Son muchos los consejos, comentarios o frases de nuestras madres que llevamos grabados en nuestra memoria y que a lo largo de nuestra vida hemos recordado y nos han ayudado a madurar y a veces a sobrevivir.
En general, desde pequeños, el sentido de la propiedad lo tenemos muy desarrollado. Fijémonos en cualquier niño: les cuesta mucho dejar o compartir sus juguetes y además, siempre quieren los juguetes de los otros niños, sin dejar los suyos. Los adultos intentamos enseñarles que sean generosos, que compartan, que dejen sus cosas… larga y difícil tarea.
Recuerdo desde bien pequeña oír a mi madre hablar del usufructo; insistía mucho en ello. Si soy sincera, he de confesar que le prestaba poca atención… No la entendía bien. Pero a lo largo de mi vida lo he recordado y me ha ayudado mucho. El usufructo es el derecho a disfrutar de una cosa. Y eso es precisamente lo que hay que hacer: disfrutar de las cosas y dejar que los demás las disfruten también. Poco importa si somos o no dueños o propietarios de las mismas.
¿Cuál es la moraleja o enseñanza de mi madre? Que todo lo que tenemos o poseemos en esta vida lo tenemos en usufructo; que nadie, absolutamente nadie, se lleva nada al otro mundo. Nos morimos y TODO, absolutamente TODO, lo dejamos aquí en la tierra.
Os aseguro que esta idea, si la recordáis en muchos momentos de vuestra vida, os hará más libres, más generosos, más desprendidos. Viviréis más intensamente y mejor.
A mí me ha servido.
Gracias, Madre
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