5 de mayo de 2011

Esclava de la moda y del sexo

Mi amiga Mari Carmen que tuvo una boda hace menos de una semana. Estuvo mucho tiempo buscando el vestido. Al final decidió un vestido sencillo, en seda negra, largo y con un escote importante. ¡Un día es un día! y la novia es una de sus mejores amigas. 

La verdad es que iba estupenda, muy elegante y destacaba por la sencillez según pude ver hoy mismo en sus fotos en facebook. Al encontrármela en el chat le pregunté por la ceremonia, a lo que ella contestó: Pasé de esclava de la moda a esclava del sexo. 

Y es que la importancia de un vestido en la boda de tu mejor amiga, es algo que solo las mujeres somos capaces de comprender, y aquí tenemos la prueba. Y aunque Cacahuete estos días, o este año esté un poco apagada, creo que su vez la ha tomado, algunas otras como mi querida amiga Mari Carmen, que últimamente es un terremoto sexual. Ella misma me contaba: 

"Yo que no soy nada dada a estas cosas, imagínate, que terminé en el parking de un centro comercial a las afueras de la ciudad, con el vestido remangado, intentando que no se arrugara demasiado la seda y con un pié por fuera de la ventanilla del coche. Además, el chico solo tenía 19 años ¡¡y es sobrino de una amiga!! ¡Ay dios mío! me sentí tan mal al llegar a casa!"  

Efectivamente, el chico, ni siquiera fue capaz de darse cuenta de lo del vestido, que acabó por arrugarse como una pasa. En medio del arrebato de pasión, despeinó el recogido años 60 de mi amiga y incluso colocó su rodilla sobre el bolso de Prada años 70 que le había prestado su tía. 

Un desastre y una bendición como le dije. Cuándo se tiene una ceremonia de este tipo, es necesario estar preparada, es decir, no dejarlo para el último día. Está bien pensar el modelito, buscar los zapatos adecuados y el bolso. Pero una vez en la celebración, lo más importante es ser uno mismo, improvisar con un vestido de Mango o uno de Moschino. No olvidemos, que los vestidos de fiesta son para eso, para una FIESTA. Y eso hizo mi querida Mari Carmen disfrutar de lo grande de esa noche. No le vio la gracia a la historia hasta el día siguiente, cuando al mirar a los pies de su cama, solamente había un zapato, el otro... estará tomando el sol en el parking del centro comercial.

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