27 de enero de 2011

Las compras..., ¿adicción, placer, necesidad..? ¡Conócete!

Tanto tengo, tanto valgo...

¿Realmente el número de zapatos que tengo en el armario es un indicativo de cuánto valgo? ¿Es realmente necesario lucir un modelito cada día de la semana (o del mes, dirían muchas!!! y también algunos!!!!) y no repetir? Francamente, a veces pienso que se nos está yendo a todos la chaveta. Vale que hay que echarse algún lujo al cuerpo, vale que a veces las pequeñas cosas producen mucha ilusión, pero... hasta qué punto puede considerarse "normal" y comprensible? Dónde están los límites de lo aceptable?

Tengo la gran suerte (porque no he hecho ningún mérito para ello; nací así o mejor, así me educaron) de no ser ninguna adicta a las compras. El shopping, elegir ropitas, meterme en un probador diminuto y enfundarme unos pantalones por los cuales asoma la raja de mi culo cuando me siento me parece una tortura. Mirarme al espejo durante horas y verme travestida en una cosa que no reconozco me altera, me deprime o me pone de mala leche, según los días. Pero supongo que no estoy dentro de la norma.

Hoy discutía a la hora del almuerzo con un compañero que tildaba a todas las mujeres de consumistas. ¿Seremos así? ¡¡¡Yo no!!!!, salté como poseída. Pero hay que reconocer que a veces (y a veces me incluyo yo también en la lista) nos dejemos arrastrar y poseer por la fiebre consumista, a la que no es fácil ponerle freno. ¿Pero quién dijo que la vida es fácil? Y no por ello, hay que dejar de intentarlo, intentar controlarse, concienciarse, pensar cuáles son nuestras necesidades y cuáles nuestros caprichos, autoevaluarse y ser consciente de los motivos que nos impulsan a compras más y más: me veo más guapa, me da seguridad, me divierto, me ayuda a vencer la depre y me da subidón, es una excusa para salir de casa y no estar sola, me sirve como excusa para relacionarme, paso el rato y me ocupo, lo necesito para mi trabajo... Ser consciente es el primer paso. Después vendrán más, pero vayamos paso a paso. Sin prisas, pero sin pausa..., que me dijo una vez un gran amigo y amante, y un año después sigo esperando.... ¿habrá que tomárselo con tanta pausa y tan poca prisa...? ¡Ja! Pero bueno, esa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión.

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