28 de febrero de 2011

No solo por el estómago se conquista a un hombre

Además de estar flaca, guapa, mantener a raya la celulitis, ir al gimnasio o que un entrenador personal te machaque, depilarte el bigote, el otro bigote, hacerte la manicura, pedicura, el tinte o las mechas (según la edad), ejercer tu profesión, ponerte bótox y vitaminas (todo pinchado con agujas para que duela y gastarte un pastón y quedarte con cara de susto), usar los cómodos tangas, subirte a los manolos o a los louboutin o a donde te mande subir el diseñador de turno.......................además, para conquistar a un hombre, tienes que saber guisar -según nuestras abuelas- y, mientras lo conquistas y él se zampa tus nutritivas y bien condimentadas comidas, tú te matas con el régimen SOLO PIÑA para conseguir que la conquista sea eterna.

Pues, además de estas pequeñeces, si tienes una vasta cultura (léase saber de todos los deportes), el amor eterno está asegurado. 

Así me lo cuenta una amiga que encadenó para siempre a su amor cuando, en el fragor de la batalla su novio, de repente, le preguntó ¿Recuerdas como se llamaba el delantero centro de la Real Sociedad de los años 70? Ella, tras unos segundos de duda, respondió ¡¡¡Satrústegui!!!  Esta respuesta fue como una pócima y, pese a que han transcurrido muchos años, él continua embrujado.

Mi amiga me confesó que la respuesta fue totalmente intuitiva y que se acordó de Satrústegui porque estaba muy bueno y tenía ricitos. Y, si bien le rezaba todas las noches un padrenuestro a San Satrústegui para agradecerle el amor eterno, se tuvo que aprender de carrerilla las alineaciones, entre otras, de los 11 magníficos o la delantera eléctrica para mantener viva la llama del amor.

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