28 de marzo de 2011

La cata del vino: su dificultad

¿En qué consiste la cata de un vino? ¿Es la cata un arte? ¿Es un acto complicado? Sin ningún género de dudas, responderemos a las dos últimos interrogantes de manera afirmativa. Con toda intención he dicho que es un arte y, además, constituye una profesión difícil, muy cualificada, complicada, compleja y que requiere de una técnica muy depurada.

Partimos de la base de que una de las primeras dificultades que tiene la cata de vinos, es su CARÁCTER SUBJETIVO y, que las impresiones personales e interiores del catador, así como su propia personalidad, constituyen elementos esenciales de la cata. Por ello, la objetividad es incompatible con una cata, de la misma manera que no es factible medir un sabor o un olor, ni es posible aplicar ningún tipo estricto de peritaje cuantitativo al gusto o al olfato; por lo que, en definitiva, estos sentidos estarán siempre sometidos a la competencia exclusiva del catador.

Por este motivo nos podemos encontrar que, ante un mismo vino, existan tantas opiniones distintas y matices diferentes, como el número de catadores que estén degustando una misma botella y, de esa forma, cada comensal podrá interpretar de manera diversa el vino que se está catando en ese momento. Hablamos aquí, por supuesto, de degustadores aficionados y no de someliers profesionales. Por ello , quiero establecer unas normas básicas que nos permitan disfrutar de los vinos a nivel casero y coloquial, por lo que utilizaremos un lenguaje claro, fácilmente comprensible que nos permita entendernos y divertirnos al mismo tiempo.

De los cinco sentidos que integran la cata del vino, nos vamos a centrar exclusivamente en los dos que me parecen más esenciales: el olfato y el gusto.
  • Para describir el olfato y en cuanto decantemos el vino en la copa, oleremos primero el líquido, sin agitar aquella, para inmediatamente removerlo en movimiento giratorio volviéndola a olfatear para así captar las aromas que el vino desprende. Los tipos básicos de aromas que podemos percibir son: las florales, las maderas, los afrutados, balsámicos o de especias. Cerraremos los ojos e intentaremos concentrarnos en la búsqueda de tanta riqueza olfativa.
  • En cuanto al gusto, describimos los cuatro sabores básicos sobre los que giran todos los demás: el dulce, el salado, el ácido y el amargo. De ellos, los predominantes son el dulce y el ácido que son los que van a determinar la armonía del vino y será el propio equilibrio entre ambos, el que otorgará la mayor bondad del caldo.
Mi opinión personal es que prefiero los vinos tintos que tengan un ligero gusto amargo y que esté acompañado de una discreta astringencia que, en román paladino, significa que "rasque" suavemente el paladar.

Leer más de Malvasía

0 comments:

Publicar un comentario