Es bastante normal y corriente que en la base de las botellas de los vinos tintos se formen depósitos turbios (posos) y sedimentos. Hoy en día la gran mayoría de estos vinos no presentan esta característica anómala y lo que ocurre es que el acto de la decantación ya forma parte de un ritual que, tanto en los restaurantes como en nuestras casas, realizamos para la presentación y el servicio del vino tinto.
La decantación tiene su razón de ser y es oportuna porque provoca la oxigenación de aquellos vinos con mucho cuerpo que, dado el tiempo que llevan en botella, necesita de esa "aireación" que alcance a mejorar el vino. Para ello habrá que tener en cuenta siempre que los vinos tendrán que decantarse en el momento de su descorche y servirlo prácticamente a continuación pues, en caso contrario, es decir, si lo decantamos unas horas antes de servirlo, el vino se echaría a perder precisamente por exceso de oxígeno. Lo que no es de extrañar si pensamos que precisamente el proceso de elaboración de los vinos se ha conseguido después de un largo período de tiempo en que éstos han estado al abrigo del aire.
Decidida pues la decantación hemos de saber que es una operación delicada y que debe realizarse con mucha paciencia y de forma reposada: el vino debe ir deslizándose por la pared de la decantadora suavemente y para ello mantendremos la botella inclinada e iremos vertiendo el vino tranquilamente viéndolo deslizarse en el nuevo recipiente. A la vez tendremos que vigilar y controlar que no se cuele ningún depósito o poso hacia el cuello de la botella y cuidaremos de enderezarlo con rapidez evitando que los residuos caigan en el recipiente de decantación.
¡¡¡¡Cuidadito pues!!! Mi criterio es que, a no ser absolutamente necesario, no ritualicemos aquello que no es un acto útil o conveniente para conseguir que un vino tinto mejore sus cualidades.
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