26 de abril de 2011

¡Ay, tontín!

Me encanta ser tontina, hacerme la boba como si no me enterase de nada. Lo aprendí de mi tía, la que se hacía la sorda, que cuando no le interesaba algo se hacía la “sueca”, y no precisamente porque fuera nórdica. En cuanto algo no era de su agrado, alegaba que no lo había oído. Las ventajas de ser sorda, decía la muy pillina. Y yo he decidido hacer lo mismo.

Sin recurrir al sonotone, he aprendido a hacerme la tontina y es estupendo. En más de una ocasión me ha servido para escabullirme de una buena, y aunque no han sido tantas, ya que soy impulsiva y casi siempre entro al trapo, a veces lo consigo y es maravilloso.

En cualquier caso he descubierto no ser la única. Hoy hemos hecho una entrevista a un candidato para un puesto vacante en la oficina. Entrevista telefónica. En más de una ocasión argüía el tipejo que no escuchaba con claridad, que había interferencias y que repitiésemos. Pase una, pase dos, pase tres veces… , y entonces salía con una parrafada de cátedra, una respuesta de campeonato. “Im – presionante”, que diría Jesulín. “¡Ay, tontín! Que eres más listo que el hambre” pensaba yo para mis adentros.

Y es que está visto, cada vez somos más los que vamos de tontines. 

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