No, no me interesa. Me importa tres pimientos lo que opines y no quiero tu consejo. ¡Al carajo todo y todos!
Estoy hartaaaaaaaaaaaaaa........Harta de consejos, harta de que la gente opine sin saber, sin saber lo que pasa, sin tener todos los datos ni ponerse en mi piel. Y es que los demás solo conocen lo que queremos. ¿Y cómo explicar al prójimo lo que a veces ni nosotros sabemos, bien porque nos engañamos, bien porque nos avergonzamos, o bien porque dudamos?
Soy de las que habla y discute las cosas. Todo sale a la palestra. Sin guardarme nada. Pero cada vez, con los años, me estoy volviendo más reservada. Si por decir me van a juzgar, mejor callar. O al menos saber con quien comentas.
Me encuentro con Rosa en la cafetería y le cuento mi problema. “Tú lo que tienes es X y para arreglarlo, haz Y”. OK Rosita. Mil gracias. Subo a la oficina. Me llama María. “He estado pensando en lo que me contaste. ¿Y sabes qué? Que lo que tienes que hacer es V”. ¿V = Y?, pienso para mis adentros. No. Pero no la contradigo. Cuelgo y sigo con lo mío. A la hora de la comida quedo con Fede. “Hazme caso que soy hombre y sé cómo piensan…, dile tal y tal y después, haz J”. I griega, uve, jota… De verdad que a veces, en vez de ayudar, te marean más.
Me voy a casa y me pego un baño. Enciendo unas velas, me pongo música, me relajo… ¿Y sabes qué? Donde hubo equis ya no hay nada. Paso. Paso de consejos y paso del problema. Mañana más. A ver cómo lo veo y con qué pie me levanto. Lo que tengo claro es que la solución está en mí y no en los demás.
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Soy de las que habla y discute las cosas. Todo sale a la palestra. Sin guardarme nada. Pero cada vez, con los años, me estoy volviendo más reservada. Si por decir me van a juzgar, mejor callar. O al menos saber con quien comentas.
Me encuentro con Rosa en la cafetería y le cuento mi problema. “Tú lo que tienes es X y para arreglarlo, haz Y”. OK Rosita. Mil gracias. Subo a la oficina. Me llama María. “He estado pensando en lo que me contaste. ¿Y sabes qué? Que lo que tienes que hacer es V”. ¿V = Y?, pienso para mis adentros. No. Pero no la contradigo. Cuelgo y sigo con lo mío. A la hora de la comida quedo con Fede. “Hazme caso que soy hombre y sé cómo piensan…, dile tal y tal y después, haz J”. I griega, uve, jota… De verdad que a veces, en vez de ayudar, te marean más.
Me voy a casa y me pego un baño. Enciendo unas velas, me pongo música, me relajo… ¿Y sabes qué? Donde hubo equis ya no hay nada. Paso. Paso de consejos y paso del problema. Mañana más. A ver cómo lo veo y con qué pie me levanto. Lo que tengo claro es que la solución está en mí y no en los demás.
Aprendí la lección. Me dejo de dimes y diretes.
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