Está claro que cada generación marca tendencias. Los de mi generación nos casábamos jóvenes, con ilusión. Era un viaje hacia la independencia, hacia la libertad. Nos casábamos sin casa, sin muebles… con poca cosa. Algunas mujeres emprendimos además la tarea de trabajar fuera de casa, de ser independientes económicamente. No siempre fue fácil. Nos enfrentábamos a lo correcto, a la familia, a tu marido e incluso en ocasiones, a otras mujeres. La maternidad de la mujer trabajadora ni se potenciaba ni se protegía… era una lucha silenciosa.
Hecho este prolegómeno que en otra ocasión retomaré, quería hablaros de las tendencias de mi generación en la casa. La tendencia fue la de acumular. A veces pienso que fue precisamente el hecho de casarnos sin nada el causante de esta tendencia. Acumulábamos ceniceros, cuadros, libros, muebles, marcos de fotos…. He visto algunas casas en las que no cabía ni un alfiler más.
Afortunadamente, acumular ya no es tendencia. No queremos coleccionar cosas… Nos hemos vuelto más sabias. Hemos guardado o tirado todo lo que nos molestaba y ahora sólo queremos vivir experiencias. Queremos disfrutar con nuestros amigos, conversar con una buena comida, queremos acumular vivencias, no cosas. Tengamos la edad que tengamos, hemos de alimentar el cerebro, reinventarnos, aprender algo nuevo.
Ahí está la clave: REINVENTARSE. ¿Cómo? No es fácil…, pero es posible.
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