31 de julio de 2011

Maneras de ser


Una de estas noches de verano y para no perder la costumbre, cenaba con unas parejas a las que aprecio bastante y con las que me siento a gusto.


Entre risas, bromas y unas cuantas copas de vino blanco muy frío salió el tema del amor, mejor dicho, de la capacidad de enamorarse. Francamente, a mí me cuesta enamorarme - les decía. Puedo decir que, ni siquiera siendo adolescente, perdía los vientos por el primero que pasaba. Misterios de la vida o de los genes, no lo sé. Sin embargo- continuaba contándoles- tengo unas cuantas amigas que, estando en mi misma situación, es decir, libre como una paloma, han de estar y de hecho están, cada minuto de sus vidas enamoradas.


Una de las mujeres con las que cenaba, me comentaba que a ella, además de la atracción que le produzca una persona, incluso al minuto de conocerla, no le resultaba suficiente. Ella necesita enamorarse de la "cabeza" y si esto no ocurría, la misión era... ¡imposible!


Coincido bastante con su opinión. Es cierto que si no hay amor a primera vista, es imposible. La química o como lo queramos llamar, ha de existir. Pero para llegar al amor ha de haber mucho más. Has de estar cómoda, te ha de resultar divertido y fundamentalmente, te ha de gustar la cabeza. Sin cabeza nos situamos ante “crónica de una muerte anunciada”.


¿Os ocurre lo mismo? Se admiten todo tipo de comentarios. Todo sirve, todo aporta.


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