No sé si voluntaria o involuntariamente, he perdido de mi memoria algunos hechos de mi vida. Fundamentalmente aquellos que me producían daño o dolor. Esta manera de actuar tan selectiva me ha beneficiado bastante, aunque a veces haya distorsionado bastante la realidad. ¿Mecanismos de defensa? Probablemente. Olvidar me ha permitido vivir sin rencor, sin ajustar cuentas con nadie. No se trata de parecer mejor, se trata de sobrevivir, de vivir con paz y tranquilidad. El hecho de no olvidar nada me parece tremendo, rozando a trágico…, pero qué duda cabe que no somos sólo lo que recordamos, sino también lo que hemos olvidado.
Olvidar nos sirve también para retirar a una persona o cosa el afecto que le teníamos, sobre todo si no la podemos recuperar. Cuando perdemos algo o a alguien, olvidarlo o intentar olvidarlo nos permite vivir sin dolor, vivir en paz.
A medida que vamos cumpliendo años vamos conociendo a muchas personas. Algunas nos dejan una huella importante. Si su recuerdo nos hace daño o no nos deja vivir, hemos de intentar retirar su recuerdo o afecto, hemos de olvidar hasta que su recuerdo sólo nos produzca una sonrisa tierna y dulce. Hasta entonces, hay que luchar para olvidar.
Me gustaría que mis amigos y mi familia, cuando no pueda estar cerca de ellos, me recuerden con una sonrisa.
Personalmente me gusta recordar a aquellos amigos o circunstancias que me hacen sonreír. Gracias a todos ellos.
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