Llevo desde el sábado pasado sin parar de zampar. Comer y beber. Hete ahí mi mayor logro de esta semana o al menos, el más significativo. "Sin comerlo ni beberlo" o mejor dicho, comiéndolo y bebiéndolo, me he tirado la friolera de 6 días sin parar ni un instante. La báscula está siendo bastante considerada conmigo y, pese a todos mis excesos y la ausencia de ejercicio físico, consigo mantenerme más o menos en torno a mi peso, ¡no ideal!, sino habitual.
No trataré de hacer una apología a Santi Santamaría, al cual siempre me gustó leer, que en paz descanse, sino que me he entregado al placer y disfrute de nuestra gastronomía, acompañada siempre de un buen vino, actividad alejada en los últimos meses de mi vida, por motivos geográficos y logísticos principal (y desgraciada, añadiré) -mente.
Y es que no hay nada como unas buenas habitas con ajos tiernos, o un café con leche con tostadas con tomate, aceite y sal, o esas queridas tellinas, por no hablar de las morcillitas... ñam, ñam..., ¡todo tan rico! Hace apenas dos horas quedaba en un restaurante de mi ciudad con 3 amigos, casi todos familia, en un sitio que se ha especializado en hamburguesas. Como hoy recogí los análisis sanguíneos y me salió bajo el hierro (como siempre en los últimos 15 años, para no variar), decidí premiarme con una bien grande. La sección masculina al completo (es decir, mis tres acompañantes y compañeros de mesa) escogieron las hamburguesas "naturales". Yo me decanté por una "Boing Boing", una bomba calórica con queso de brie y salsa de mostaza. Ella solita capaz de alimentar a una legion, pero acabó toda en un único estómago, el mío. Menos mal que la naturaleza ha sido benévala conmigo y nunca tuve problemas gastrointestinales. Lo digiero todo con la misma facilidad como con la que respiro. "Innnnnnnn-hale..., exxxxxx-hale...", que decía mi profesor de yoga (mientras yo intentaba no morir por asfixia). Y ahí acaba todo el secreto.
Leía en el periódico, o quizá era en una revista antigua, que el bueno de Santamaría alababa las virtudes de los huevos, y sobre todo los fritos. Y entre todos ellos, principalmenbte los acompañados de chorizo. Y hablando de huevos me viene a a la mente los de Nachete, el caramelo de 2 meses de mi amiga del alma, a quien bañamos anoche y admiramos sus señores HUEVOS, con mayúscula porque realmente eran imponentes, en términos relativos, claro (qué poco sé sobre niños, ahora lo descubro). Pero sigamos por donde íbamos que me salgo por peteneras...
Y es que hay tantas cosas que alabar de nuestra cocina... Suerte la mía que dentro de otros 6 días me voy de España. A este paso acabaría con las reservas vinícolas y alimenticias del país. ¡¡¡¡O bien ellas acabarían conmigo!!! Probablemente haya más de verdad en la segunda disyuntiva.
Mientras tanto (y viendo que tengo los días contados), voy a seguir "gossssssssando" que dicen los dominicanos. Así lo hizo Santamaría durante muchos años. Y yo pienso seguir su ejemplo. Mañana, por si las moscas, he quedado con mis primos y tío para comer pescadito con vino blanco. ¡ Ay, cómo me gusta esta vida!
Y es que no hay nada como comer con los tuyos...
No trataré de hacer una apología a Santi Santamaría, al cual siempre me gustó leer, que en paz descanse, sino que me he entregado al placer y disfrute de nuestra gastronomía, acompañada siempre de un buen vino, actividad alejada en los últimos meses de mi vida, por motivos geográficos y logísticos principal (y desgraciada, añadiré) -mente.
Y es que no hay nada como unas buenas habitas con ajos tiernos, o un café con leche con tostadas con tomate, aceite y sal, o esas queridas tellinas, por no hablar de las morcillitas... ñam, ñam..., ¡todo tan rico! Hace apenas dos horas quedaba en un restaurante de mi ciudad con 3 amigos, casi todos familia, en un sitio que se ha especializado en hamburguesas. Como hoy recogí los análisis sanguíneos y me salió bajo el hierro (como siempre en los últimos 15 años, para no variar), decidí premiarme con una bien grande. La sección masculina al completo (es decir, mis tres acompañantes y compañeros de mesa) escogieron las hamburguesas "naturales". Yo me decanté por una "Boing Boing", una bomba calórica con queso de brie y salsa de mostaza. Ella solita capaz de alimentar a una legion, pero acabó toda en un único estómago, el mío. Menos mal que la naturaleza ha sido benévala conmigo y nunca tuve problemas gastrointestinales. Lo digiero todo con la misma facilidad como con la que respiro. "Innnnnnnn-hale..., exxxxxx-hale...", que decía mi profesor de yoga (mientras yo intentaba no morir por asfixia). Y ahí acaba todo el secreto.
Leía en el periódico, o quizá era en una revista antigua, que el bueno de Santamaría alababa las virtudes de los huevos, y sobre todo los fritos. Y entre todos ellos, principalmenbte los acompañados de chorizo. Y hablando de huevos me viene a a la mente los de Nachete, el caramelo de 2 meses de mi amiga del alma, a quien bañamos anoche y admiramos sus señores HUEVOS, con mayúscula porque realmente eran imponentes, en términos relativos, claro (qué poco sé sobre niños, ahora lo descubro). Pero sigamos por donde íbamos que me salgo por peteneras...
Y es que hay tantas cosas que alabar de nuestra cocina... Suerte la mía que dentro de otros 6 días me voy de España. A este paso acabaría con las reservas vinícolas y alimenticias del país. ¡¡¡¡O bien ellas acabarían conmigo!!! Probablemente haya más de verdad en la segunda disyuntiva.
Mientras tanto (y viendo que tengo los días contados), voy a seguir "gossssssssando" que dicen los dominicanos. Así lo hizo Santamaría durante muchos años. Y yo pienso seguir su ejemplo. Mañana, por si las moscas, he quedado con mis primos y tío para comer pescadito con vino blanco. ¡ Ay, cómo me gusta esta vida!
Y es que no hay nada como comer con los tuyos...
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