La vida son cambios. Venía en la portada de un periódico el siguiente artículo: "Zapatero da otro paso en su viraje nuclear". Por lo visto, ha pasado de anunciar un calendario de cierre de las nucleares a pactar un texto favorable a la prórroga de sus licencias. Y es que donde dije digo, dijo Diego. ¿A quién no le ha ocurrido alguna vez lo mismo?
No pretendo con esto defender al jefe del Ejecutivo. Tan sólo reflexionar sobre lo cambiante de nuestras convicciones, de nuestras opiniones, la fragilidad de nuestras ideas y la fugacidad de nuestras asertaciones. El tiempo nos hace madurar, evolucionar, ver las cosas desde otra perspectiva. Y en cierta medida, es bueno. ¿Por qué no rectificar?
Nuestra materia prima la conforma nuestras experiencias. Somos producto de nuestras vivencias, de lo que hemos vivido y sufrido. "El hombre y sus circuntancias", que decía Ortega y Gasset. Cada día que amanece aprendemos algo nuevo. Minuto a minuto, segundo a segundo, estamos expuestos a eventos que nos influyen, que nos condicionan, que nos determinan. Las cosas no se ven de la misma manera cuando se viven en primera persona a cuando ocurren a los demás. Y es que "nada es verdad, nada es mentira; todo depende del color del cristal con el que se mira".
No digo que seamos como veletas y digamos hoy blanco para mañana decir negro. Las generalidades nunca fueron buenas, o nunca fueron buenas para todo y todos. Hay que analizar caso por caso y es sólo gracias a la inteligencia y al uso que hagamos de nuestro raciocinio que podemos dilucidar si es lícito y correcto un cambio de sentido. Seamos flexibles. Permitámonos cambiar, evolucionar. ¿Verdad que no pensamos lo mismo a los 9 que a los 40? Cuanto más conocemos, cuanta más información está a nuestra alcance, nuestra opinión es tendente en uno u otro sentido. Conocer es saber. "Sólo sé que no sé nada" - decía Sócrates ya en el siglo V a.C. y viene a subrayar el carácter inestable de nuestro conocimiento y en consecuencia, de nuestras opiniones. Parménides defendía la identidad entre pensar y ser, que veía como una y la misma cosa. ¿Somos lo que pensamos? Más tarde los sofistas rechazaron la identidad parmenídea entre pensar y ser, alegando que la verdad no depende del objeto y que la única identidad posible es la identidad psicológica entre pensar y percibir.
Pero antes de que me pierda entre tanta divagación y que estas líneas se conviertan en un ensayo, quedémonos con lo siguiente: rectificar es de sabios y hay que "regenerarse o morir"...
Hoy me picó la mosca trascendental. Voy a salir a correr un poquito a ver si diluyo el efecto. "Mens sana in corpore sano".... ¡¡Buffffff, cómo estoy hoy... !!! Ya os advertí...
No pretendo con esto defender al jefe del Ejecutivo. Tan sólo reflexionar sobre lo cambiante de nuestras convicciones, de nuestras opiniones, la fragilidad de nuestras ideas y la fugacidad de nuestras asertaciones. El tiempo nos hace madurar, evolucionar, ver las cosas desde otra perspectiva. Y en cierta medida, es bueno. ¿Por qué no rectificar?
Nuestra materia prima la conforma nuestras experiencias. Somos producto de nuestras vivencias, de lo que hemos vivido y sufrido. "El hombre y sus circuntancias", que decía Ortega y Gasset. Cada día que amanece aprendemos algo nuevo. Minuto a minuto, segundo a segundo, estamos expuestos a eventos que nos influyen, que nos condicionan, que nos determinan. Las cosas no se ven de la misma manera cuando se viven en primera persona a cuando ocurren a los demás. Y es que "nada es verdad, nada es mentira; todo depende del color del cristal con el que se mira".
No digo que seamos como veletas y digamos hoy blanco para mañana decir negro. Las generalidades nunca fueron buenas, o nunca fueron buenas para todo y todos. Hay que analizar caso por caso y es sólo gracias a la inteligencia y al uso que hagamos de nuestro raciocinio que podemos dilucidar si es lícito y correcto un cambio de sentido. Seamos flexibles. Permitámonos cambiar, evolucionar. ¿Verdad que no pensamos lo mismo a los 9 que a los 40? Cuanto más conocemos, cuanta más información está a nuestra alcance, nuestra opinión es tendente en uno u otro sentido. Conocer es saber. "Sólo sé que no sé nada" - decía Sócrates ya en el siglo V a.C. y viene a subrayar el carácter inestable de nuestro conocimiento y en consecuencia, de nuestras opiniones. Parménides defendía la identidad entre pensar y ser, que veía como una y la misma cosa. ¿Somos lo que pensamos? Más tarde los sofistas rechazaron la identidad parmenídea entre pensar y ser, alegando que la verdad no depende del objeto y que la única identidad posible es la identidad psicológica entre pensar y percibir.
Pero antes de que me pierda entre tanta divagación y que estas líneas se conviertan en un ensayo, quedémonos con lo siguiente: rectificar es de sabios y hay que "regenerarse o morir"...
Hoy me picó la mosca trascendental. Voy a salir a correr un poquito a ver si diluyo el efecto. "Mens sana in corpore sano".... ¡¡Buffffff, cómo estoy hoy... !!! Ya os advertí...
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