Cuando cumplí treinta años, reflexioné por primera vez en mi vida sobre la edad. Me di cuenta que había entrado en un laberinto del que no escaparía hasta cumplir, si es que los cumplo, cien años. ¿De qué laberinto hablo? Del laberinto de los 'TA'…treinta, cuarenta, cincuenta, sesenta, setenta,...así hasta noventa, ¿habíais pensado en ello?
Prácticamente con los 'TA' pasamos la mayor parte de nuestra vida, nuestras mejores y peores experiencias, amores y desamores, alegrías y tristezas, subidones y depresiones…, maduramos, nos hacemos más sabios. Casi toda nuestra historia se escribe y dibuja con los “TA”.
Instalada en el 'TA' de los sesenta, comentaba con una amiga lo felices y tranquilas que vivíamos. Hijos criados, maridos liquidados, trabajo asegurado. ¿Se puede pedir más? Estábamos en un punto en el que no teníamos que demostrar nada a nadie, solo a nosotras mismas, vestíamos con comodidad, fuera stillettos, fuera fajas opresoras… ¡como reinas!
Al cabo de cierto tiempo, coincidí por la calle con mi amiga. Nos fuimos a tomar un café y fumar un par de cigarrillos. La encontré espectacular, si siempre ha sido guapa, en esos momentos estaba guapa a rabiar, más delgada, cara radiante, nuevo look. ¡Estás maravillosa!, le dije. Tengo novio, me contestó. Abrí la boca y no la pude cerrar hasta al cabo de un buen rato. Mi amiga, después de una decena de años sin conocer varón, tenía novio. Cuenta, cuenta…le pregunté ansiosa…¿cómo te va? ¡Encantada!, me respondió. Me cuidan, me miman, se ocupan de mi... Es maravilloso, hacía tiempo que no me cuidaba nadie. El café, cigarrillos incluidos, no duró mucho tiempo. Mi amiga salía de viaje con su flamante novio y quería renovar su ropa interior. Se había dado cuenta que su armario ropero estaba lleno de bragas grandes y cómodas. Se iba de compras, quería renovar su ropa interior e impresionar al flamante novio… encajes elásticos, tules, transparencias, picardías y dios sabe cuantas cosas más. Nos despedimos. Cada una a su destino.
Prácticamente con los 'TA' pasamos la mayor parte de nuestra vida, nuestras mejores y peores experiencias, amores y desamores, alegrías y tristezas, subidones y depresiones…, maduramos, nos hacemos más sabios. Casi toda nuestra historia se escribe y dibuja con los “TA”.
Instalada en el 'TA' de los sesenta, comentaba con una amiga lo felices y tranquilas que vivíamos. Hijos criados, maridos liquidados, trabajo asegurado. ¿Se puede pedir más? Estábamos en un punto en el que no teníamos que demostrar nada a nadie, solo a nosotras mismas, vestíamos con comodidad, fuera stillettos, fuera fajas opresoras… ¡como reinas!
Al cabo de cierto tiempo, coincidí por la calle con mi amiga. Nos fuimos a tomar un café y fumar un par de cigarrillos. La encontré espectacular, si siempre ha sido guapa, en esos momentos estaba guapa a rabiar, más delgada, cara radiante, nuevo look. ¡Estás maravillosa!, le dije. Tengo novio, me contestó. Abrí la boca y no la pude cerrar hasta al cabo de un buen rato. Mi amiga, después de una decena de años sin conocer varón, tenía novio. Cuenta, cuenta…le pregunté ansiosa…¿cómo te va? ¡Encantada!, me respondió. Me cuidan, me miman, se ocupan de mi... Es maravilloso, hacía tiempo que no me cuidaba nadie. El café, cigarrillos incluidos, no duró mucho tiempo. Mi amiga salía de viaje con su flamante novio y quería renovar su ropa interior. Se había dado cuenta que su armario ropero estaba lleno de bragas grandes y cómodas. Se iba de compras, quería renovar su ropa interior e impresionar al flamante novio… encajes elásticos, tules, transparencias, picardías y dios sabe cuantas cosas más. Nos despedimos. Cada una a su destino.
Nos volvimos a encontrar al cabo de cierto tiempo. Nada más verla, a bocajarro, le pregunté ¿Le impresionaste?, pregunté. ¿Con qué?, me contestó. ¡Con la lencería sexy que te compraste! Muy seria me dijo: he vuelto a las bragas grandes y cómodas. Nos reímos y seguimos hablando de nuestras cosas.
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