Hoy quiero transmitir, especialmente a una persona muy especial en mi vida, pero también a todo el resto, que en la vida HAY SALIDA. Y no solo una, sino muchas.
A veces no las vemos, a veces no parecen factibles o incluso pensamos que son imposibles. Pero todo está en nuestra cabeza. Somos nosotros quienes establecemos nuestros propios límites y querer es poder, aunque parezca improbable. Cualquier PROBLEMA, por grande que parezca, tiene SOLUCIÓN. Y repito, hay más de una. Cuando se cierra una puerta, se abre otra.
Lo más difícil en la vida es tomar decisiones. Hay tantas, que cuesta elegir. Personalmente, a veces me pierdo entre tanta elección. ¿Quiero vivir en Villafranca de los Caballeros o en Honolulu, por ejemplo?, ¿me quedo en este trabajo o busco otro?, ¿me separo de mi pareja o me quedo con ella (o dicho de otro modo, ¿mejor solo que acompañado?), ¿salgo esta noche o me quedo en casa?, ¿me compro el traje negro que no me apasiona pero me hará papel o el rosa fucsia que me vuelve loca, pero es muy determinado?.... y así un largo etcétera. Se suceden OPCIONES ante nosotros, algunas de las cuales se convierten en auténticos DILEMAS.
Y repito: lo más complicado, es elegir, aunque no siempre. En muchas ocasiones (la mayoría, diría yo) elegimos sin darnos cuenta: dame un café con leche con tostadas (y no un cruasán, como dice Pablo Tusset). Y esto es una elección. Pero en otras ocasiones (que son las “menos”, pero parecen las “más”) la cosa se complica. Hay decisiones que llevan toda una vida. Hay decisiones que vamos posponiendo y nunca tomamos. Está quien las toma a la ligera y quien nunca las toma, las evita y su vida transcurre sin jamás alzarse y decantarse por el blanco o el negro.
Por oscuro que parezca, por improbable, inverosímil o quimérico que nos parezca algo, todo es posible, incluso lo más peliagudo. Anoche mi amiga me decía que no veía salida, y yo alucinaba, porque veía miles. Ante sus ojos, desde su punto de vista, es el fin. No hay escapatoria y la única opción ante la vida es la muerte. Yo quiero decirle a mi amiga que no es así. No sólo existe una, sino mil salidas. Ella busca una autopista, pero la verdadera vida, la más intensa y rica en placeres, discurre por las carreteras secundarias, por esas arterias desconocidas e inexploradas que vale la pena tomar y perderse. El trayecto a veces toma más tiempo. Incluso se llega a callejones sin salida. Pero uno siempre puede recular, dar marcha atrás y explorar una nueva ruta. Hay tantas que cuesta creerlo. Cuantas más recorres, más aparecen.
No encontramos la solución porque no planteamos bien el problema. Por favor, sigue buscando. No te rindas. ¡¡¡HAY SALIDAS!!!
A veces no las vemos, a veces no parecen factibles o incluso pensamos que son imposibles. Pero todo está en nuestra cabeza. Somos nosotros quienes establecemos nuestros propios límites y querer es poder, aunque parezca improbable. Cualquier PROBLEMA, por grande que parezca, tiene SOLUCIÓN. Y repito, hay más de una. Cuando se cierra una puerta, se abre otra.
Lo más difícil en la vida es tomar decisiones. Hay tantas, que cuesta elegir. Personalmente, a veces me pierdo entre tanta elección. ¿Quiero vivir en Villafranca de los Caballeros o en Honolulu, por ejemplo?, ¿me quedo en este trabajo o busco otro?, ¿me separo de mi pareja o me quedo con ella (o dicho de otro modo, ¿mejor solo que acompañado?), ¿salgo esta noche o me quedo en casa?, ¿me compro el traje negro que no me apasiona pero me hará papel o el rosa fucsia que me vuelve loca, pero es muy determinado?.... y así un largo etcétera. Se suceden OPCIONES ante nosotros, algunas de las cuales se convierten en auténticos DILEMAS.
Y repito: lo más complicado, es elegir, aunque no siempre. En muchas ocasiones (la mayoría, diría yo) elegimos sin darnos cuenta: dame un café con leche con tostadas (y no un cruasán, como dice Pablo Tusset). Y esto es una elección. Pero en otras ocasiones (que son las “menos”, pero parecen las “más”) la cosa se complica. Hay decisiones que llevan toda una vida. Hay decisiones que vamos posponiendo y nunca tomamos. Está quien las toma a la ligera y quien nunca las toma, las evita y su vida transcurre sin jamás alzarse y decantarse por el blanco o el negro.
Por oscuro que parezca, por improbable, inverosímil o quimérico que nos parezca algo, todo es posible, incluso lo más peliagudo. Anoche mi amiga me decía que no veía salida, y yo alucinaba, porque veía miles. Ante sus ojos, desde su punto de vista, es el fin. No hay escapatoria y la única opción ante la vida es la muerte. Yo quiero decirle a mi amiga que no es así. No sólo existe una, sino mil salidas. Ella busca una autopista, pero la verdadera vida, la más intensa y rica en placeres, discurre por las carreteras secundarias, por esas arterias desconocidas e inexploradas que vale la pena tomar y perderse. El trayecto a veces toma más tiempo. Incluso se llega a callejones sin salida. Pero uno siempre puede recular, dar marcha atrás y explorar una nueva ruta. Hay tantas que cuesta creerlo. Cuantas más recorres, más aparecen.
No encontramos la solución porque no planteamos bien el problema. Por favor, sigue buscando. No te rindas. ¡¡¡HAY SALIDAS!!!
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