Con esto de la crisis, este invierno mis compras se han reducido bastante. Es más, diría que han sido inexistentes. Me daba, a mi misma, tanta pena y estaba tan triste, que decidí, nada más llegaran las rebajas, lanzarme con cuerpo y alma a encontrar alguna que otra ganga. Compraré cualquier cosita, eso sí, con moderación y cabeza. Para ello me tracé un plan: me hartaré de mirar y mirar,y cuando tenga mi presa,¡¡¡ zás!!! a por ella.
Dicho y hecho.
¿Cuántas tiendas he visto? Todas ¿Cuantas veces? Uff,...ni lo se…Os podría decir todas y cada una de las gangas que hay en cada una de las tiendas que he visto, pero no, no lo voy a hacer, os cuento directamente mi gran compra del invierno 2011.
Después de dar mil vueltas, encontré mi sueño dorado. Una falda de seda, blanca y negra, abombada, con muchos posibles y a un precio nada despreciable: 2 €. Nada más verla, me dije, la compro, me hará mucho papel. Antes que nadie me quitase la falda de marras, la cogí, sin probármela, fui a la caja, pagué y, más feliz que el guerra, me fui a casa. En el trayecto hacia casa, pensaba, en la suerte que tenía, los hados me eran favorables, esa misma tarde tenía una fiesta, con la falda iba a dar el golpe, me imaginaba divina de la muerte...
Llegué a casa, ducha, cremas, medias y suéter negro y ¡cha ! ¡cha! ¡chán!, me enfundé la falda. Un poco nerviosa, me fui al espejo. Esperaba ver reflejada esa imagen maravillosa que yo solita con mi imaginación había creado. Al verme, me desmayé...caí al suelo fulminada, como si me hubiera partido por la mitad un rayo, horrorosa es poco, hortera, cursi, fea…no sigo para no lastimarme más. Cuando me reanimé, me quité la falda, la metí con rabia en la bolsa de plástico y la lancé arriba de un armario. Descanse en paz.
0 comments:
Publicar un comentario