3 de mayo de 2011

¡Qué fácil es ser pesimista!

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El domingo pinché. Cual globo que se deshincha, mi estado anímico fue decayendo a velocidades vertiginosas y de repente me encontré, recién levantada, con la moral por los suelos. Lo noté nada más abrir un ojo. Ay, Pelotibusssssssss, que te levantaste con el pie izquierdo.

Recuerdo que siendo más niña, el día que esto me ocurría, me permitía cruzarme de brazos, sacar morros, poner mi mejor cara de perro y ladrar a quien se me acercara o a veces, que todavía era peor, despreciaba al prójimo como si no existiera. Tenía un mal día y allá todos los que me rodeaban a aguantar mi mala leche. ¡Bendita familia la mía que tuvo que padecerme en sus propias carnes sin decir ni mú!

Pero la vida te va enseñando. Fue principalmente, viendo a los demás, cómo decidí lo que NO quería ser. Uuuuy, Manolo cuando se enfada… ¡insoportable!, nos trata a todos como si fuéramos sus vasallos. Y qué decir de Jerónimo…, ¡un grosero! ¿Y Fernando…? ¡Menudo papanatas! ¡Que lo aguante su abuela, tú! No siempre fue Manolo, Jerónimo y Fernando. También sufrí en mis carnes a Manuela, Teresa y Rogelia. ¡Buffffffffffffff, menudo “pack”!

Y así, poco a poco, fui tratando de convertirme en lo que NO quiero ser. No quiero ser una déspota, una tirana, mimada, consentida, insolente y maleducada estúpida que descarga con terceros sus malos humos, que todos tenemos. ¿Tienes un mal día? ¡Pues tú solita te lo ventilas, querida!

Domingo y lunes estuve mal. Se esfumó mi energía y la sonrisa que me acompaña todas las mañanas se esfumó. Desaparecida en combate y ni rastro de ella. Como soy transparente (todavía no consigo dominar el complicado arte de las falsas apariencias) se me nota a la legua. No gasto bromas, no me río con mi sonrisa Tiburón III, estoy callada y mi enérgica voz se convierte en un susurro imperceptible. Ni siquiera el “Guapo de la Cafetería”, Beta, consiguió acabar con mi apagón. Pero no di mi brazo a torcer. Pese a todo, trabajé como una jabata, fui a correr, estudié y cumplí a rajatabla con todas mis obligaciones.

Hoy es martes y…, amaneció con sol. Se disiparon las nubes y vuelvo a ser yo. Río, bromeo, oigo la música a todo trapo en mi ipod y me deleito mirando al mar turquesa que Dios puso ante mis ojos todas las mañanas. Busco a Beta como posesa en la cafetería, ¡cachisssss, hoy no está! La vida vuelve a su cauce. Dejé atrás el bache y ante mí vislumbro una autopista de cinco carriles.

La vida es como una montaña rusa. A veces sube, a veces baja y otras, simplemente parece que se pare y apenas se mueve. Pero hay que luchar, porque lo fácil es ser pesimista y esperar a que alguien nos rescate. La salida solo está a nuestro alcance, en nuestras manos. Mañana hasta me veo yendo de compras y probándome unos modelos, pese a mi fobia a los vestuarios…, pero eso es otro cantar y ya os lo cuento otro día.

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