Su pasión es volar. Fue piloto militar en Cuba, hasta que se lo prohibieron. El motivo fue político: su madre y hermana dejaron el país y como castigo por estar emparentado con enemigos del régimen, le quitaron su licencia y le cortaron las alas. Su carrera militar al garete. No le quedó otra que escapar, huir él también.
Junto a su padre, vivió un año en España. Pidió asilo político, pero no se lo concedieron. Así que se encontró atrapado en nuestro país, sin papeles y trabajando de lo que pudo. Estuvo un año y al final, decidió salir rumbo a Canadá. Con pasaporte falso y con su padre a su vera, aterrizaron ambos en Montreal. Your passport, sir? I don´t have any, dijo en su mejor inglés. Y así fue como llegó a Canadá, obtuvo la residencia (aparentemente mucho más fácil que en nuestra península ibérica) e inició una nueva vida.
Se casó con otra refugiada, rusa ella, y tuvieron dos hijos, si bien uno no fue suyo. Trabajó de todo, principalmente en limpieza y transporte, pero nunca pudo retomar el vuelo de nuevo, su verdadera pasión.
Yo lo he conocido en el Caribe, donde trabaja en la sección de “Control de Movimiento”, que se encarga principalmente de toda la operativa logística de vuelos, transporte de pasajeros y cargo. Al menos estoy cerca de los aviones, de los pilotos, de mi pasión, de mi vida… - me dice. Y puede que algún día pueda volar de nuevo.
Cubano, exiliado, piloto, ex-militar, enemigo del régimen castrista, trabajador empedernido, responsable, hombre afable, de ojos de color miel y que baila, como buen cubano, como los ángeles. Risueño, de sonrisa fácil, amante de la comida y de cocinar. Tranquilo… Ojalá cumplas tu sueño, querido.
Hay personas que tienen que luchar mucho por salir adelante en la vida. No es justa… La vida, cuánta verdad, no es nada justa. Pero JC sigue adelante, bailando, cocinando, riendo y embarcando a pasajeros a sus respectivos destinos. Si hay Dios, me digo, algún día le permitirá volar de nuevo. Sueño con ello.
Image Source | Quirry FlickairJunto a su padre, vivió un año en España. Pidió asilo político, pero no se lo concedieron. Así que se encontró atrapado en nuestro país, sin papeles y trabajando de lo que pudo. Estuvo un año y al final, decidió salir rumbo a Canadá. Con pasaporte falso y con su padre a su vera, aterrizaron ambos en Montreal. Your passport, sir? I don´t have any, dijo en su mejor inglés. Y así fue como llegó a Canadá, obtuvo la residencia (aparentemente mucho más fácil que en nuestra península ibérica) e inició una nueva vida.
Se casó con otra refugiada, rusa ella, y tuvieron dos hijos, si bien uno no fue suyo. Trabajó de todo, principalmente en limpieza y transporte, pero nunca pudo retomar el vuelo de nuevo, su verdadera pasión.
Yo lo he conocido en el Caribe, donde trabaja en la sección de “Control de Movimiento”, que se encarga principalmente de toda la operativa logística de vuelos, transporte de pasajeros y cargo. Al menos estoy cerca de los aviones, de los pilotos, de mi pasión, de mi vida… - me dice. Y puede que algún día pueda volar de nuevo.
Cubano, exiliado, piloto, ex-militar, enemigo del régimen castrista, trabajador empedernido, responsable, hombre afable, de ojos de color miel y que baila, como buen cubano, como los ángeles. Risueño, de sonrisa fácil, amante de la comida y de cocinar. Tranquilo… Ojalá cumplas tu sueño, querido.
Hay personas que tienen que luchar mucho por salir adelante en la vida. No es justa… La vida, cuánta verdad, no es nada justa. Pero JC sigue adelante, bailando, cocinando, riendo y embarcando a pasajeros a sus respectivos destinos. Si hay Dios, me digo, algún día le permitirá volar de nuevo. Sueño con ello.
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