30 de enero de 2011

¿Quedan Regalos Especiales?

El día 6 fue el cumpleaños de mi hermano. Ni siquiera pude hablar con él por teléfono para felicitarle porque se dejó el móvil no-se-sabe-dónde, y mucho menos pude abrazarle, darle dos besos y tirarle de las orejas 37 veces, ya que vivimos a la friolera de 7.000 Kms. de distancia.

Nunca me he considerado una "Gran Compradora". Más bien, me horroriza ir de tiendas. Pero sí me gustan las sorpresas y obsequiar a aquellos a los que quiero con un pequeño "algo", un pequeño detalle cargado de significado para decirles con un simbólico gesto que les quiero.

Y en ésas estaba pensando cuando llegó el aniversario de mi hermano. A ver qué se me ocurre..., a ver qué puedo hacerle o con qué me topo que le guste. Quiero algo especial, distinto, único, que no haya nunca visto... Y a estas alturas de la vida, donde todo está en todas partes, es tarea ardua o dicho de una manera más vulgar pero más realista "no es moco de pavo".

En más de una ocasión no he regalado nada. Tan especial lo quería, que nunca apareció. Algo así ocurre con los hombres. Si pones el listón muy alto: simpático, trabajador, inteligente, divertido, alegre, tierno, que le guste viajar, que me admire y me respete y que me lleve en bandeja, que sólo tenga ojos para mí, con muchos amigos, que tenga un poco de dinero (al menos que no tenga que mantenerlo) y que me haga el amor a menudo, con ternura unas veces, con pasión desenfrenada otras... no lo encuentras. ¿A qué no es fácil, eh? Pues lo mismo con los regalos. A veces simplemente, no aparece lo que andas buscando. ¡Y no hay vuelta de hoja! Quedan dos opciones: comprar cualquier chorrada (una colonia, un polo, un pañuelo, algún accesorio para hacer deporte, un llaverito, unos gemelos, etc, es decir, guiarse por la máxima de "a falta de pan, buenas son tortas") o no comprar nada y decirlo con toda naturalidad: "Me he acordado de ti, de tu cumpleaños, quería regalarte algo especial y no lo encontré. Lo siento mucho". Antes solía decantarme por la primera opción, pero con la edad y la sabiduría que dan los años, y teniendo en cuenta que todos tenemos ya de todo, me inclino más por la segunda.

Pero también hay ocasiones en las que se nos aparece la virgencita y eeeeeeeee voilà! aparece ante nuestros ojos, como por arte de magia, ese lindo objeto soñado. Y eso es precisamente lo que me ha sucedido este año. Fui una semana a Haití por trabajo. El domingo tuve que acercarme a Croix-de-Bouquets, un pequeño pueblecito cercano a Port-au-Prince conocido por su artesanía. Íbamos en busca de unos pins para una reunión con ocasión del 1er aniversario del terremoto que debastó la ciudad y se llevó con él a 220.00 personas y unos pocos amigos míos, cuando apareció ante mis ojos LA GRAN MARAVILLA. Ouuuuuuuuuuuuuuuaaaaaaauuuuuuuuuuuuuuuuuuuu!!!!!!! - dije para mí misma y para los demás. Los ojos me centelleaban ante el escaparate que tenía ante mí. Más bien se trataba de una tienducha con cuatro paredes mal puestas recargadas con objetos de lo más variapintos. Las esculturas y objetos decorativos de hierro fundido son típicas de Haití. Personalmente, me apasionan. Pero aquella cosa, la Gran Maravilla, era diferente, algo distinto, único. El artista en cuestión realiza sus obras reciclando objetos de lo más diverso: el tacón de un zapato, la suela, pilas, cepillos de dientes, rastrillos, peines, ralladores... ¡Una locura! Y uno de esos disparates es ahora mío. Lo tengo colgado en el cuarto, esperando a que pasen dos semanas para poder meterlo en la maleta, cruzar el charco y entregárselo a mi hermano. ¿Le gustará? A los amigos a quienes se lo he enseñado me dicen: "¿Y por esto dices que has pagado cuánto?. Ya has hecho feliz al pobre haitiano..." o bien "Da miedo, linda. Es de Voo-doo". "¿Te llevas bien con tu hermano o le estás enviando un maleficio, algo relacionado con la magia negra?". .. Aunque también hubo un chico, más bien señor, que me sorprendió con el siguiente comentario: "Tiene mucho valor sentimental. Son de las pocas cosas que han sobrevivido al terremoto".

Sea como fuere, y pese a que muchos no lo entiendan, a mí me parece una obra de arte y sí, Única, y sí, Irrepetible, y sí, Requetegenial. Además en mi casa me enseñaron que "la intención es lo que cuenta". Yo quería sorprenderle, obsequiarle con algo especial y..., ja vorem! que dicen en mi tierra. En el peor de los casos, me sacrificaré y me lo quedaré yo. ;-))

Mientras tanto, queridas (y queridos), ¡no desesperen y sigan buscando! No es fácil y no hay muchos, pero quedan Regalos Especiales y Hombres Especiales (pocos, es cierto...., sino ya serían tan especiales). Busquen y busquen y no cesen en su búsqueda, que la espera vale la pena. No importa lo que digan los demás ni cómo lo vean. Tú decides lo que te gusta y lo que es especial y tú eres lo que das valor a las cosas. Y a quien no sepa apreciarlo, puede que simplemente tengas que dejar de regalarle.

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