Tanto que podemos hacer por los demás… Nunca me ha gustado dar dinero a las ONGs. No sé dónde va a parar. Gran parte se destina a sustentar su propia estructura y no llega al destinatario final, que es a quien se pretende ayudar con nuestras aportaciones. Y creo no ser la única que piensa de este modo. Al haber vivido en países en desarrollo y trabajado en organizaciones internacionales, muchos amigos me preguntan: "¿Qué puedo hacer para ayudar?, ¿a quién le envío mi dinero?" Y la verdad es que no hace falta mirar muy lejos para encontrar un alma a quien ayudar.
No hace falta buscar casos perdidos. Hay mucha gente necesitada en todas partes, girando la esquina. Desde hace unas semanas vengo comprando a Héctor, un indigente con el que me topo camino del supermercado, algo de comer. Empecé con leche, y poco a poco voy ampliando su cesta de la compra: yogures, galletas, plátanos, incluso jabón, cepillo de dientes y dentífrico. "Para que te asee un poco y te pongas guapetón" – le digo. Y tendríais que ver la sonrisa con la que me recibe…
Anoche fue el cumpleaños de Beatriz (23 primaveras), una de las chicas que trabaja en el hotel en el que me hospedo. Fui por la tarde al centro comercial más chic de toda la ciudad porque quería ver en la pantalla “El discurso del rey” y en una de las boutiques del mall le compré un monedero. Me pareció no caro, sino caríiiiiiiiiiisimo y estuve a punto de dejarlo, ya que conmigo no me permito esos caprichos, esos despilfarros innecesarios, esos lujos, esos despropósitos. Pero no era para mí, sino para Beatriz. Probablemente nunca haya tenido un monedero tan “cool”, pensé, y menos de marca. Y cuando se lo di, sonrió. “¿Para mí? Graciasssssssssss…”
Podemos hacer TAAAAAAAANNNNNNTO por los demás... Muchos no tienen nuestras posibilidades. Como dijo Sebastián Piñera, presidente de Chile en una entrevista: “basta ver la calidad de la cuna para poder predecir cómo va a ser la calidad de la tumba”. Y es que es tan bueno comprar para los demás… Comprar para regalar, comprar para ayudar, comprar para sonsacar una sonrisa… No cuesta mucho hacer feliz a alguien, aunque sea por un efímero y fugaz momento. Probadlo.
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No hace falta buscar casos perdidos. Hay mucha gente necesitada en todas partes, girando la esquina. Desde hace unas semanas vengo comprando a Héctor, un indigente con el que me topo camino del supermercado, algo de comer. Empecé con leche, y poco a poco voy ampliando su cesta de la compra: yogures, galletas, plátanos, incluso jabón, cepillo de dientes y dentífrico. "Para que te asee un poco y te pongas guapetón" – le digo. Y tendríais que ver la sonrisa con la que me recibe…
Anoche fue el cumpleaños de Beatriz (23 primaveras), una de las chicas que trabaja en el hotel en el que me hospedo. Fui por la tarde al centro comercial más chic de toda la ciudad porque quería ver en la pantalla “El discurso del rey” y en una de las boutiques del mall le compré un monedero. Me pareció no caro, sino caríiiiiiiiiiisimo y estuve a punto de dejarlo, ya que conmigo no me permito esos caprichos, esos despilfarros innecesarios, esos lujos, esos despropósitos. Pero no era para mí, sino para Beatriz. Probablemente nunca haya tenido un monedero tan “cool”, pensé, y menos de marca. Y cuando se lo di, sonrió. “¿Para mí? Graciasssssssssss…”
Podemos hacer TAAAAAAAANNNNNNTO por los demás... Muchos no tienen nuestras posibilidades. Como dijo Sebastián Piñera, presidente de Chile en una entrevista: “basta ver la calidad de la cuna para poder predecir cómo va a ser la calidad de la tumba”. Y es que es tan bueno comprar para los demás… Comprar para regalar, comprar para ayudar, comprar para sonsacar una sonrisa… No cuesta mucho hacer feliz a alguien, aunque sea por un efímero y fugaz momento. Probadlo.
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